El caso de la Terminal 5 de Puerto Buenos Aires muestra que los errores estratégicos siempre se pagan caro.

Los muelles de la Terminal 5 de Puerto Buenos Aires están desiertos y sin buques atracando a la vista.

Sus vecinos de Buenos Aires, APM Terminals y Terminales Río de la Plata (TRP) y el de Dock Sud (Exolgan), operan normalmente. Terminal Zárate sigue moviendo contendores e incluso Euroamércia, en Campana, celebró hace pocos días la carga del “Argentina C”, un buque porta contenedores operado por Mediterranean Shipping Company (MSC) y Vessel.

Para explicar por qué unos tienen tanto y otro tan poco, solo hay que remitirse a las decisiones tomadas en el pasado.

La concesión de Bactssa en Terminal 5 de Puerto Buenos Aires no viene, como las de APM (Terminal 4) y TRP (Terminales 1, 2 y 3), desde 1994. Su concesión original fue por menos tiempo y venció en 2015. En dicha ocasión, se produjo una nueva licitación por cuatro años en la que entre otros se presentó Bactssa y ganó. Su contrato vencía el 15 de mayo de 2020 y establecía una única prórroga por un año que le fue concedida bajo el gobierno de Mauricio Macri, con lo cual estiró su presencia en el puerto hasta el pasado 15 de mayo de 2021.

Un mes antes de la finalización y tal cual lo exige el artículo 68.3 del pliego 24/15, Bactssa realizó e informó el inventario de los bienes. Pero al mismo tiempo en que realizaba este hecho en el que reconocía el fin de la concesión, se presentaba en la Justicia para pedir una extensión en los plazos del contrato.

El juez de primera instancia rechazó la medida cautelar, pero a dos días de terminarse la concesión, la Cámara en lo Contencioso Administrativo Federal revocó la resolución y frenó la finalización del contrato.

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